Conversación con un viejo amigo de esta casa.
Tiene una barbaridad de años de experiencia en consultoría y pionero de la minería de procesos: «nadie tiene tiempo para nada porque todo se hace en el extremo de los recursos aconsejables».
Y eso incluye desde la escasez de camareros hasta, lo han imaginado, sacarle tiempo (y actitud, añadiría) a algo como la minería de procesos.
El legendario fundador de esta disciplina sugiere en un artículo reciente que si hay algo candente en 2022 es aprender minería de procesos (aquí puedes apuntarte a nuestros cursos, por cierto). Llevamos ocho meses del 2022, que cada uno saque sus conclusiones y todas son defendibles.
Para lo que vamos a comentar, no es clave.
La cuestión es que esa combinación de escasez de recursos (¿humanos?), puede que además de limitados también desenfocados, sumado a la concentración y empeño sostenido que requiere aprender cosas nuevas y cambiar métodos en más de una mente a la vez, parece el antídoto perfecto para que la idea de analizar la huella digital de nuestra acción y procedimientos sea una sistemática de análisis pendiente de que se ejerza por defecto.
Se viene llorado de casa, si lo que están pensando es que hay un lamento por la adopción de esta técnica nuestra.
En realidad, es un aspecto clásico de miles de horas y centenares de páginas describiendo los problemas de las organizaciones humanas: ahora que tan de moda está recordar los sesgos cognitivos a la hora de la toma decisiones, conviene asumir que saberlo no implica cambio ni acción consecuente.
Así que mientras la revolución del dato forma parte de las inversiones y preocupaciones de todo CEO que se precie, la mera idea de que haya transparencia entre cómo diseñamos la ejecución y lo que realmente se hace es tan sugerente como no urgente.
Es más fino hablar de barreras de adopción que de pereza para sacarle partido a un concepto distinto. A veces más que aprender “minería de procesos” parece más esencial volver a hablar de procesos.
Pero quizá haya una idea más provocadora: si estás de acuerdo en que ese tópico que tanto repetimos de que los datos son nuestro nuevo petróleo, ya sea éste un producto pendiente de refino, ¿por qué es tan descabellado poner a disposición los recursos con el fin de diseñar modelos de datos y sus formas de captura para aprender y mejorar cómo se hacen las cosas realmente?
Respuesta corta: porque quieres ver cómo le va a otro antes de gastar tú.
Al final, la barrera más sorprendente es que cuando se habla de data-driven u orientación al dato y resultados, lo más difícil es aceptar que tiene sentido analizar y medir secuencias de acciones. Pero lo cierto es que el deporte profesional hace tiempo que lo tiene en cuenta y la épica deportiva aparece cada vez más vinculada a ello.
Todo caerá, pues, por su propio peso.
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